Al contacto del amor, todo el mundo se vuelve poeta.
Platón.

Bienvenida

¡Saludos!

La literatura forma parte de nuestra vida. Recuerdo que tuve entre las manos mi primer libro de poesía a la temprana edad de 7 años. Fue un regalo de mi padre que él se había comprado siendo pequeño.

Al principio no le presté mucho interés, pero en el momento en que abrí sus hojas y comencé a leer sentí un cosquilleo parecido al que sientes cuando ves a "esa persona", cuando encuentras algo que andabas buscando durante mucho tiempo, como cuando hueles tu comida favorita al llegar a casa o alguien te da un abrazo en el momento preciso.

Desde entonces mi amor por la lírica sólo ha ido creciendo y posiblemente no supiera en aquel momento qué quería hacer con mi vida, pero una cosa tenía clara: quería leer, escribir, recitar y amar la poesía para siempre.

En este blog encontraréis una recopilación de poemas de mi propia cosecha pertenecientes a mis libros "Al soñar con un poema", "En un rincón de tus ojos", "Cuentos de una niña loca", y "Y entonces... tú". Además encontrarás guías para analizar y recitar correctamente un poema, por qué es necesario aprender a realizar correctamente un análisis métrico y algunas impresiones sobre ellos.

Como decía Cicerón:

"Si junto a la biblioteca tienes un jardín, ya no te faltará nada".

¡Bienvenidos a La libretilla de Cris!

La expiración del poeta



¿Quién mejor compañera para un poeta que su musa? Para aquellos que gozamos del placer de la escritura nos supone un mundo no poder expresar algo que sentimos con la palabra escrita. 

A veces ocurre que nos quedamos sin nada más que decir, y otras que, aunque lo intentemos, no conseguimos desarrollar por escrito aquello que sentimos o deseamos. 

Esa es la muerte del poeta, la imposibilidad de crear, de expresar, de sentir... 

Este poema lo escribí en un momento en el que sentí que se iba una parte de mí: la poesía. 



La expiración

Shhh... callad.

Doblan las campanas para el poeta,
suena la triste trompeta
que le recuerda aquél trágico final.
Y bajo su ventana,
llora desconsolada una plañidera,
en honor a su verdad.

Shhh... callad.

La mano del poeta tiembla,
su garganta se quiebra
porque mañana no estará,
sus ojos vidrían lagunas
en una soledad incierta
que nunca escribirá.

Shhh... callad.

El silencio es dueño
en la casa del poeta,
ya no habrá deseo, ni sueño
que le devuelva su esencia,
no... ya no está.

Shhh... callad.

Pasa y recorre la casa
un encapuchado oscuro,
su sonrisa calavérica amenaza
lo que ha venido a conseguir,
señala con grueso dedo de escarcha
y dice, “he venido a por ti”.

“Gran Señor que atemorizas
al valiente guerrero,
déjame a solas un poco más,
déjame llorar mi desconsuelo.
Su figura, aún inmóvil,
me hace perder el aliento.
Déjame un poco más,
deja que llore en su cuerpo.
Deja que coja sus manos
para que sienta el calor de mis dedos.
Déjame que me arrodille,
una última vez,
ante tan grande monumento,
pues nunca volveré a ser
el mismo poeta
después que ella lance
su último aliento
para nunca más
volverme a hablar”.

Shhh... callad.

Callad y dejad al poeta
recitar sus últimos versos,
pues ha conocido la muerte en vida,

porque su musa, ha muerto.


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