¿Cuántas veces hemos sentido que debíamos seguir la corriente sabiendo que no es el agua en la que nos gusta chapotear? Eso también me ha pasado a mí. Esta carta va dirigida a lo que más amo.
Querido amigo:
Sé que ha pasado mucho
tiempo desde la última vez que hablamos, sé que te prometí una visita furtiva
cada poco, un contacto, nuevos recuerdos. Sé que prometí muchas cosas que fui
incapaz de cumplir y no porque no quisiera, es que otros dulces amores se
cruzaron y no tuve la oportunidad de verte.
Esta carta no
significa un adiós, no quiere decir que nunca más nos encontremos cara a cara,
todo lo contrario.
En esta carta quiero
expresar cuánto te echo de menos, la veces que pienso en ti al cabo de un día,
o de unas horas. En mis recuerdos se enfrentan las noches a tu lado, los días
de trabajo donde necesitábamos un reloj con 30 horas. Recuerdo cómo nos
conocíamos el uno al otro. Recuerdo cómo me hacías llorar, reír... juntos
creamos ilusiones, profundos suspiros que flotaban sobre las cabezas y se
condensaban en las mejillas.
Querido amigo, cuando
rememoro el sonido de unas palmas, el silencio de 200 gargantas, esas águilas
(que no mariposas) por el pecho aleteando como si el movimiento del mundo
dependiera de ello, como si mi latir dependiera de ello, puedo notar el calor
concentrándose en mis ojos.
Querido amigo yo sé
que son años duros, que la juventud es efímera y que otras amistades nos
gobiernan, otros amores que se aferran a la necesidad.
Esta carta es un
grito. Te necesito. Te añoro. Anhelo tu calor cerca, sentirte con las plantas
de los pies y con las yemas de los dedos, respirar tu olor a madera, fundirme
en tu verso, entonar tus ritmos. Y estoy segura que entre fogón y fogón, nos
volveremos a encontrar y volveremos a revivir ese enamoramiento tan profundo
que nunca se olvida.
Querido amigo, mi
querido amante, mi confidente, mi sueño a ojo abierto.
Mi querido teatro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario