¿Te ha pasado alguna vez que has querido decir algo y no te has atrevido? Le has dado vueltas y vueltas, la almohada se ha hecho la dormida para que no vuelvas a ella con la misma historia y ya hasta los dioses se hacían los sordos.
A veces ocurre que tienes muy clara la intención de hacer algo, pero hay una lucecita muy pequeñita que representa el temor, y acabas por no hacer nada. Aunque lo desees con toda tu alma. Aunque sea la única cosa en la que piensas. Aunque creas que esa persona no lo sabe ya...
Pues bien, esa lucecita que tanto nos tira para atrás, ese miedo, a veces puede mucho más que todo el valor que hayamos reunido. Y ahí está el error.
Mi crisconsejo del día: Cuando sientas esa necesidad de decir o hacer algo (sin que vayas a dañar a alguien), piensa que el valor es mucho más fuerte que el miedo. ¿Qué pasa si no te decides? ¿Qué hubiera pasado si su respuesta hubiera sido la que esperabas? Deseo de corazón que jamás te formules esas preguntas. La vida está para vivirla, así que... ¡no te arrepientas nunca de lo que pudo haber pasado! Anímo, y que nunca te falte el valor.
Valor
Me miras y me tiembla todo el cuerpo,
me acaricias y me faltan las palabras,
me sabes a luz,
me hueles al alba.
Te entrelazas con mis dedos
y se me ruboriza el alma.
Te miro desde la oscuridad
a sólo un palmo de tu cara,
y quiero decirte que te quiero,
pero me lo callo
y mi intención va en la mirada.
Absurda cobardía
de no querer admitir nada,
estúpida discreción,
distancia llana.
Me revives por la noche
y me matas cada mañana.
Interesarte cuando estoy a tu lado
y extrañarte cuando me faltas,
saber que eres mío
si mis piernas te atrapan,
cerrarte la boca con un beso
y, con el mismo beso,
abrirte el alma.
Sólo quiero decirte que te quiero,
y es el valor lo que me falta.
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